YOU’RE ON YOUR OWN, KID.

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En primaria era un niño muy tímido y reservado, no tenía amigos ni nadie con quien hablar, constantemente me hacían bullying porque no era como ningún otro niño en el salón. 

En secundaria el bullying aumentó porque era evidente que era diferente a los demás, así que me ocultaba en la soledad para no tener que lidiar con el odio innecesario que tenían los demás en contra mía. Sin amigos la vida era muy triste.

En preparatoria tuve que acceder a hacer cosas con las que no estaba cómodo para poder encajar en un grupo, y para “tontamente” tener amigos. Yo sé que nadie me apuntó una pistola en la cabeza, pero cuando viviste toda tu niñez sin alguien a quien llamar “amigo”, es difícil no aceptar las letras chiquitas.

En la universidad sentí un alivio inmenso cuando vi a una persona que conocí en mi adolescencia, me juntaría con ella y así no tendría que pasar por la incómoda situación de “socializar”, porque apestaba en eso. Los años pasaron y mi conocida qué pasó a ser mi amiga tomó clases en Corea 1 semestre, y pensé que me quedaría solo, pero me empecé a juntar con otra persona que me caía muy bien (F), hicimos conexión instantánea, y así mismo me introdujo con otro grupo número de personas. Al final ese grupo se redujo a 3.

En mi juventud, dejé un poco atrás la timidez, gracias a F. Comencé a hacer amigos fácilmente. Era normal verme salir con diferentes grupos de personas, creo que en ese momento mi ego subió a las nubes, ¿Y cómo no hacerlo? Para alguien que toda su vida había estado solo, esto era la gloria. Fiestas, reuniones, viajes en carretera, yo estaba en todos lados. Al fin era feliz. Al fin tenía amigos. Al fin tenía personas en quien confiar. 

En la adultez te das cuenta de quién está a tu lado por interés, y cuando se trata de personas en quien confiar, te quedas sin dedos en la mano. Uno a uno, te vas quedando sin amigos, de pronto ya no tienes en quien confiar, a quien contarle tus secretos, las cosas que te ponen feliz, o simplemente alguien con quien desahogarte. 

La vida se vuelve abrumadora, desconfías hasta de tu sombra porque no quieres salir lastimado otra vez. 


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